1/10/14

La práctica musical como un modo de auto conocimiento e interpretación del mundo

Ponencia presentada en la Reunión Anual de SACCoM

Susana Dutto

Universidad Nacional de Villa María - mayo 2009


Fundamentación

El presente trabajo toma como marco de referencia dos propuestas relacionadas con la creación y la recepción de la obra de arte: por un lado la Estética de Luigi Pareyson y por el otro las Presencias Reales, Antígonas de G. Steiner.

Luigi Pareyson, al hablar del acto de creación artística, nos propone en su Estética  la idea de que siempre la obra de arte –tanto como creación como ejecución- es interpretación, es decir, que compromete a la persona como interpretante de sí y del mundo.  Entendida de este modo la obra de arte recupera la centralidad en el hombre. Un hombre que se realiza y manifiesta desde “una situación finita, es decir, configurada por determinados límites culturales, situacionales, propios” (Galimberti 2008, p. 17) -que representan lo que podríamos denominar su negatividad, sus límites- como así también por su libertad, su ethos. Esto constituye la singularidad de todo hombre y de todo artista, que tendrá como tarea ineludible indagar en torno a las elecciones posibles de hacer en su existencia y en su obra. Por otro lado, la materia disponible al artista (el sonido, el color, la textura) tiene también sus potencialidades y sus límites. Ella nos manifiesta su disponibilidad en un diálogo en el que no sólo se muestra, sino que también nos refleja.

Por lo tanto, la obra de arte es necesariamente un proceso. Proceso que nos  lleva a indagar, preguntar, cuestionar, probar, cambiar de lugar, unir, comparar, ponerlas próximas, trasvasar sus  esencias y -sin dudas- hacer silencio. No se trata de comprender, sino más bien de develar.  El artista se configura entonces como alguien que escucha, que está abierto “al otro que sí mismo” (Galimberti 2008, p. 25) Y la obra de arte es la forma resultante de este diálogo entre el artista y la materia entre el auto conocimiento y el conocimiento del mundo.

Pero, ¿es posible hablar de universales en la actualidad? ¿De qué manera es posible que una singularidad, un diálogo personal se convierta en universal? ¿Existen criterios, sentires comunes a pesar de la inmensa diversidad?

Pannikkar propone un “horizonte abiertoque “pretende preservar la búsqueda de la unidad y la universalidad, pero sin cerrarla en una única perspectiva, visión o sistema” (Panikkar 2000, p. 31).

Es en este sentido, en el de la recepción, donde G.  Steiner nos aporta una visión particular para adentrarnos a la obra de arte, de propiciar un acercamiento que nos posibilite la experiencia artística. Y lo hace considerando tres requisitos que considera indispensables:

En primer lugar, la preparación para el encuentro: es menester la cortesía necesaria que predisponga al mismo.

En segundo lugar, se manifiesta como indispensable una escucha atenta, una apertura a recibir y a  dialogar.

Y por último, la consideración del contexto histórico (geográfico, etario, otros) del huésped que condicionan la posibilidad de recepción.

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